Uno de los momentos más curiosos que puede tener un extranjero al llegar a la ciudad de Santiago de Chile es como las micros (autobuses) se convierten en improvisados espacios públicos. Simplemente mientras se va montado en el es muy fácil ver como suben vendedores de helados, cantantes o actores de todo tipo a realizar un evento, tradicionalmente asociado en mi cabeza al espacio de la calle, con el total consentimiento de conductores y usuarios (no pagan el boleto al subir). 

En Europa solo lo había visto una vez, en el metro de París y en este caso es imposible el acceso al mismo de forma gratuita. 

Ahora encuentro un vídeo de 20 minutos realizado por Pilar Ortiz y Paola Velásquez que recoge esta experiencia de una manera más clara a la que yo pueda contar, con entrevistas, y comentarios sobre como esta expresión cultural estuvo amenazada con la implantación del Transantiago. 

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Podéis ver el vídeo pulsando sobre la imagen.